sábado, 16 de abril de 2011

19:53; Una sombra de justificación


No se me debe permitir sentir ciertas cosas... por ello, lo borro de la realidad concensuada que he creado a través de mis sentidos, todos ellos, apilados y bombardeados. Ahora bien, ¿por qué evadirlos?¿para qué negarlos? Un facto innegable que me viste de esa inseguridad... de nuevo esa inseguridad.

Y vienen entonces a mi cabeza toda esa gente imaginaria que me provisto para recrear la dimensión temporal futura y así responderme a mí misma; darle sentido y significado a aquellas decisiones que drásticamente tomo.

Gracias Ólafur Arnalds, Jean-Claude Carrière y Cristián Warnken. Descubrí que me apasiona el arte (las artes) más de lo que pensaba y me gustaría dedicarle todo mi tiempo y atención, pero me es imposible en esta dimensión del yo. Desearía ser una gran intelectual en áreas de pintura, literatura, cine y teatro; hablar sobre autores, referencias, configurar lazos ideologicos, hablar con respecto a todo argumentando en base a todos los más grandes. Actos tan cotidianos hace un tiempo ya considerable, porque siento que los grandes intelectuales ya nacieron, como el de tomar desayuno en algún café de Europa junto a gente del mundo humanista. Todo se me pasó por la cabeza en esos instantes. Pero aquí en medio de la ciencia biológica dura... más destinada a conocer gente con características frívolas y desaliñadas, que gente frágil en el amplio sentido de la palabra... tan amplio como el libro Fragilité de Jean-Claude Carrière.

Algo me perturbó entonces, porque podría ser que me deje llevar por una frase que me ha hecho sentido, pero no quiero simplemente seguir una orden sólo porque alguien así lo cree -esa no soy yo-, por lo tanto... tendrá que esperar aquella idea.

Un dejo melancólico entrañable -esa palabra que no se traduce.




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