''Son las 12 de la noche en mi augusta vejez solitaria. La noche está del otro lado de la ventana y yo, encerradaen una habitación vieja, polvorosa y mal iluminada.''
Prólogo II
Son poco más de las 12 de la noche y para entrar en sueño me prefiguro la vida: imagino el año 2031 (sí, 20 años después) escribiendo en una pieza vieja, polvorosa y mal iluminada, estando la noche del otro lado de la ventana (...).
Paso por remanencias de un año que no ha acabado del todo en mi interior. ¿Por qué? Si yo debería estar enfocada en mayor proporción a lo que he decidido para mi vida. Escombros que van quedando un poco esparcidos y a pesar de ello siento un fuerte sentimiento y una gran energía en mi interior despierto, apenas, pero despierto!
Me gustaría esperar que muchos humanos tuviesen esa tan grata sensación de haber vivido algo único e irremplazable consigo mismo! Algo tan invisible y tan significante espiritualmente!
Probé una gota del exquisito licor de la vida íntegra y ya me siento diferente. Hablo para mí como quien describe la locura y el estar fuera de sí, porque cuando me preguntan yo no sé qué decir, no por miedo, sino porque "hay que guardar silencio".
Sigue retumbando ese "hay que guardar silencio" y he avanzado bastante en eso, ahora necesito únicamente un nuevo material para impregnarlo de mi silencio, que puede llegar a ser tan basto como toda el agua del mundo! Cubro entonces mi boca esperando que llegue la mano adecuada para quitarme la mía de encima y luego de eso poder decir algo, en tono claro, firme, en tono simple, sencillo, en todo pre-ci-so.
Podría llegar para mi propio bien, un viento enfermador y sofisticado que me enseñe como un click haría de mi vida un cúmulo de sensaciones y sentimientos tan falsos como reconfortantes, pero yo no quiero ni lo uno, ni lo otro. Yo quiero en mí, una presencia divina reflejada azulada en el mar, reflejada en cada una de las palabras que suelten mi boca amarrada. Así le hablé cuando me invitó. Si de por sí no hay casi nadie que me busque realmente y me encante realmente y me mire y me imagine y... siga estando Allí, entonces puedo avalar con total convicción mi postura actual; la de una niña-mujer que se ve a sí misma como una réplica de lo más maravilloso y sútil que existe en todo el basto universo, que por mí pueden pasar tormentos abrumadores -de esos que a muy pocos nos toca vivir-, pero cuento con esa misma fuerza y valentía de la estrella que fugaz muere y sabe que morirá, pero aún así brilla lo máximo que puede brillar... no por los demás, sino que por ella misma.
Cuando las voces parecen atenuarse porque la brisa no es lo suficiente fuerte para llevarlas a destinatario, existe algo llamado Sendero, y dependiendo cual escoja, tendré siempre la seguridad de que siempre me escucharé a través de los tiempos.
Esto último, un hada me lo confesó y yo se lo confieso a mi propio espíritu superior.
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